La adolescencia es
una etapa de la vida difícil en la que se padece una crisis de
crecimiento en todos los aspectos y donde es común evidenciar conflictos
a nivel familiar ya que con frecuencia padres e hijos se ven obligados a
rediseñar su propia vida y a adaptarse a las nuevas relaciones que
provocan estos cambios de sus hijos adolescentes, para lo cual la
familia no se había preparado. Las disputas familiares se centran
principalmente en los asuntos menores de la vida cotidiana y con
frecuencia estas discrepancias y discusiones son sobre temas simples,
como: las tareas domésticas, la imagen, la forma de ser o modo de
comportarse, deberes escolares, rendimiento académico, relaciones
interpersonales, regulación de actividades interpersonales, vuelta a
casa, horas de dormir, salud e higiene, uso de los víveres del hogar,
administración del dinero y de los recursos para la escuela. Tanto
padres como hijos interpretan de diferente manera el significado de los
conflictos. Ambos entienden pero no asumen el punto de vista contrario y
en muchos hogares existe la creencia que los conflictos dan una
excelente oportunidad para dialogar y esta creencia es bien copiada y
evidenciada en el comportamiento de los adolescentes.
A medida que la edad de los hijos aumenta, los padres prestan menos atención a sus hijos por creerlos independientes y capaces de enfrentarse al mundo y los adolescentes tienden a interpretar este comportamiento de los padres con una libertad extrema donde sus padres no pueden intervenir en sus asuntos personales. Ambos están de acuerdo en que a medida que los adolescentes crecen las justificaciones se vuelven más eficaces mientras que los argumentos de autoridad y castigo pierden eficacia. Ser padre de uno o más adolescentes es una tarea que produce stress y frecuentemente crisis cuando no se está preparado.
El colaborar y el comprometerse son los modos evolutivamente más maduros de resolver problemas en la adolescencia y que se encuentran asociados con un funcionamiento familiar más saludable. De todas formas la resolución de conflictos varía en función del asunto en disputa.
Algunas investigaciones demuestran lo siguiente: 1. Los hijos adolescentes ven a sus madres más permisivas que a sus padres. 2. Los padres se ven así mismos más autoritarios que lo que les ven sus hijos. 3. Los padres desconocen y tienen resistencia a aceptar que es importante la educación en el tema familiar, así como el involucramiento y actualización generacional para poder ayudar a sus hijos adolescentes. 4. Los padres pretenden gobernar y poner limites cuando el hijo llega a la adolescencia sin haber existido una previa formación y coherencia en las etapas anteriores.
Adolescencia, momento de la vida donde se pueden sentir tormentos y fuertes emociones así como frecuentes enfrentamientos entre las generaciones jóvenes y la de los adultos. Los cambios físicos aparecen a partir de los diez u once años en las mujeres y un poco después en los varones. Debido a la velocidad de la transformación del cuerpo, muchos adolescentes están preocupados por su apariencia y necesitan ser tranquilizados. Todo este crecimiento, utiliza gran cantidad de energía, lo cuál podría tener que ver con la necesidad que tienen de dormir más. El levantarse tarde de los adolescentes irrita a los padres pero no es producto de la pereza de sus hijos, sino de causas hormonales y físicas. Es importante tener en cuenta que cada sujeto se desarrolla a un ritmo diferente. Además del rápido desarrollo físico, se producen grandes cambios emocionales que aunque son positivos, a veces pueden ser confusos e incómodos para los adultos y para el propio sujeto. Para construir una nueva forma de ser en el mundo… los adolescentes deben salir de sus casas. El grupo de amigos es lo más importante en este momento de la vida, y es el lugar donde ellos van a construir su nueva subjetividad. Los padres se hacen menos imprescindibles. Los jóvenes pasan mucho tiempo hablando por teléfono, al frente de la computadora, escuchando música o fuera de casa, lo que irrita a los padres y produce conflictos. Los conflictos y discusiones, aunque sean frecuentes, no tienen que ver con la personalidad de los padres ni con el que ellos. No es que no nos aprecien o no nos quieran más, sino que está relacionado con la necesidad de los adolescentes de independizarse y construir su propio proyecto de vida. Los problemas más frecuentes que pueden atravesar los adolescentes son: Problemas emocionales: Que adolescente no se ha sentido tan triste que ha llorado y deseado alejarse de todo y de todos; pensando que lo vida no merece la pena vivirla.
A medida que la edad de los hijos aumenta, los padres prestan menos atención a sus hijos por creerlos independientes y capaces de enfrentarse al mundo y los adolescentes tienden a interpretar este comportamiento de los padres con una libertad extrema donde sus padres no pueden intervenir en sus asuntos personales. Ambos están de acuerdo en que a medida que los adolescentes crecen las justificaciones se vuelven más eficaces mientras que los argumentos de autoridad y castigo pierden eficacia. Ser padre de uno o más adolescentes es una tarea que produce stress y frecuentemente crisis cuando no se está preparado.
El colaborar y el comprometerse son los modos evolutivamente más maduros de resolver problemas en la adolescencia y que se encuentran asociados con un funcionamiento familiar más saludable. De todas formas la resolución de conflictos varía en función del asunto en disputa.
Algunas investigaciones demuestran lo siguiente: 1. Los hijos adolescentes ven a sus madres más permisivas que a sus padres. 2. Los padres se ven así mismos más autoritarios que lo que les ven sus hijos. 3. Los padres desconocen y tienen resistencia a aceptar que es importante la educación en el tema familiar, así como el involucramiento y actualización generacional para poder ayudar a sus hijos adolescentes. 4. Los padres pretenden gobernar y poner limites cuando el hijo llega a la adolescencia sin haber existido una previa formación y coherencia en las etapas anteriores.
Adolescencia, momento de la vida donde se pueden sentir tormentos y fuertes emociones así como frecuentes enfrentamientos entre las generaciones jóvenes y la de los adultos. Los cambios físicos aparecen a partir de los diez u once años en las mujeres y un poco después en los varones. Debido a la velocidad de la transformación del cuerpo, muchos adolescentes están preocupados por su apariencia y necesitan ser tranquilizados. Todo este crecimiento, utiliza gran cantidad de energía, lo cuál podría tener que ver con la necesidad que tienen de dormir más. El levantarse tarde de los adolescentes irrita a los padres pero no es producto de la pereza de sus hijos, sino de causas hormonales y físicas. Es importante tener en cuenta que cada sujeto se desarrolla a un ritmo diferente. Además del rápido desarrollo físico, se producen grandes cambios emocionales que aunque son positivos, a veces pueden ser confusos e incómodos para los adultos y para el propio sujeto. Para construir una nueva forma de ser en el mundo… los adolescentes deben salir de sus casas. El grupo de amigos es lo más importante en este momento de la vida, y es el lugar donde ellos van a construir su nueva subjetividad. Los padres se hacen menos imprescindibles. Los jóvenes pasan mucho tiempo hablando por teléfono, al frente de la computadora, escuchando música o fuera de casa, lo que irrita a los padres y produce conflictos. Los conflictos y discusiones, aunque sean frecuentes, no tienen que ver con la personalidad de los padres ni con el que ellos. No es que no nos aprecien o no nos quieran más, sino que está relacionado con la necesidad de los adolescentes de independizarse y construir su propio proyecto de vida. Los problemas más frecuentes que pueden atravesar los adolescentes son: Problemas emocionales: Que adolescente no se ha sentido tan triste que ha llorado y deseado alejarse de todo y de todos; pensando que lo vida no merece la pena vivirla.

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